
Cuando las vivencias nos han llevado hasta un puerto determinado... ya no importan los huracanes, ni las mareas, ni los soles o las noches sin estrellas que hubieron en el trayecto finalizado.
Simplemente ahora estamos aquí.
No hay culpas, no hay perdones.
Si aprendimos a navegar y llegamos con fuerzas para continuar, es razón suficiente para sentirnos en paz y agradecer a la vida.
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