
El sol se despliega orgulloso por el azul... se sabe fuerte y hermoso; transita majestuoso para que todos lo observen. Luego se esconde pero, marcadas a fuego, deja increíbles huellas de su belleza en el cielo del atardecer. (Él es inolvidable, imposible ser indiferente ante su presencia, y lo demuestra hasta al final).
Cuando todo está en calma, la luna aparece tímida, sólo será observada por quien quiera levantar la mirada hacia ella (y muy pocos lo hacen). Las leyendas la hacen dueña de la oscuridad que la rodea, pero eso es porque los hombres no se dan cuenta que ella sólo viene a traerles claridad: la necesaria para que puedan caminar entre la penumbra, la suficiente para que también puedan soñar.

En la inmensidad de la noche, la luna parece tan lejana… pero cuentan antiguos relatos que ella oculta una escalerita de estrellas en un haz de luz, creada para aquél que se anime a encontrarla.

Dicen que mientras abajo –en pueblos y ciudades- el smog, el apuro, el dinero y los rencores hacen su orgía brutal, allá arriba hay un hombre nacido del sol que encontró el camino y trepa entre brillos de plata para poder amar a la mujer de la luna…
Y entonces ella brilla, porque es el espejo bruñido donde se refleja hombre-sol.
