16 nov 2007


Al principio, dije algo, convencida que era así. Y me lo refutaste.
-¡Qué extraño!-comenté, sorprendida- ¡y qué tonta, siempre te entiendo mal todo, nunca me imagino que puede ser mejor!.


Hoy, recordando aquella situación, digo sonriendo que decís frases neutras y yo me asusto, pero vos al final querés decir algo lindo, completamente contrario a lo que interpreto.
Pongo como ejemplo aquella charla.

Entonces te oigo decir, incómodo, que yo había entendido bien y lo que me dijiste no era verdad. Aunque prefiero que ahora lo aclares, respondo sorprendida por segunda vez:
-...Me mentiste...- y quedo con la mente en blanco.

No comprendo. No juzgo, no pregunto, sólo... no entiendo. Estoy vacía.
La explicación que das, es que elegiste negarme la verdad por no lastimarme.





Ahora me encuentro con que la verdad es lo que es. Y duele.
La mentira es lo que es, y duele más.


Pero estar los dos, reviviendo un recuerdo ajeno a mí (aunque igual se mete en mi vida).
Que me quema, por lo que las verdades de sus mentiras implican

...es mucho peor.