27 jul 2007

La mujer que me ve niña

La conocí cuando ella era menor de lo que yo ahora.
La vida se le había abierto en dos caminos y ahí estaba ella, con sus dos hijos pequeños, su pelo de nochecita estrellada y esos ojos transparentes, de luciérnagas verdes, desafiando al mundo.

Inteligente y cálida, me tendió su mano... mientras yo miraba sin entender qué era eso de estar frente a tantos senderos por tomar. Más de una vez me regaló su abrazo en tiempos en que eran escasos, y el refugio de su hogar cuando en mi casa la tormenta no me daba paz.

Pasaron los años. La adolescente que fui se casó:

creí, tuve mis hijas, desconfié, me encontré entre dos caminos, elegí, y quedé como antes lo hizo ella, saludando el sol de cada día desde mi lecho a medio (des)habitar.

Quién sabe cuánto anduvo ella mientras tanto. (Sus chicos crecieron, alguno se casó ya).

Me encontré hace unos días golpeando a la puerta de su casa (20 años después), con la inquietud de que mi nuevo aspecto le complicara reconocer la que sigo siendo.


Abrió la puerta. Me miró en silencio. Y diciendo "¡mi niña!" volvió a abrazarme como antes
.


(Para Rosemary: Gracias. ¡Tanto busqué desde niña una mamá del alma ! y a esta altura descubro que en vos, la vida me la prestó.)

24 jul 2007

La edad de la inocencia

La edad de la inocencia me duró desde que nací hasta mis 37 años, más o menos.

Llegué con un manojo de dones en las manos: amor, belleza y verdad. Y creí que eso era lo que me rodeaba en este mundo. En cada gesto, en cada mirada, yo veía ese reflejo.

Creía en la sinceridad, en la ingenuidad, en la bondad y el desinterés a manos llenas.

Un buen día noté nubecitas saliendo de la boca del ser que más amaba (además de mis hijas) y en quien confiaba tanto como en mí misma. Hasta entonces yo creía que mi vida y su vida eran lo mismo. Poco a poco los velos fueron cayendo.

Él resultó ser como mucha otra gente... y me costó un buen tiempo, muchas lágrimas y un buen susto tratar de entender cómo eran esas personas.

A esta altura, ya no me interesa comprenderlos. Sólo sé que cada uno es diferente, y que mi ramito de dones me fue dado para que me encargara de repartirlo entre aquéllos que abrieran sinceramente su corazón, para recibirlos.




Ahora elijo concientemente la inocencia, pero con la sabiduría de quien conoce que existen otras posibilidades.


El Beso

... Y a nuestros 40 años, descubrimos EL BESO.

No, que no hablo de "esos" besos,
los chiquitos,
los primeros,
los adolescentes,
los rutinarios,
los fríos,
los calientes,
los impulsivos,
los ansiosos,
los temerosos,
los aburridos.

Yo hablo de "EL BESO".

Ése que es un solo aliento, una sola respiración acompasada.
El que une las almas desde la boca hacia adentro y hacia el infinito.
El que hace temblar cada célula del cuerpo físico -y de los otros-.
El que nos hace vibrar en consonancia con el Universo.
Ese que tal vez pocos conozcan en esta vida
y que nosotros lo logramos para fusionarnos,
y terminar cayendo al cielo.

Gracias a todos, y gracias a vos



Gracias a cada experiencia que me da la vida, porque me lleva a ascender un escalón cada vez. Gracias a los amores pequeños y grandes, porque siempre son maestros.

Gracias a mis amigas, calorcito seguro para los días cansados.
Juegos y bromas, cariño por medio.

Gracias a mis hijas, luciérnagas que hacen cosquillas a mi corazón
y alumbran mi camino.

Gracias a vos, grandote chiquito:
acorazado -corazón de mazapán-; sol que se refleja en esta luna.
Por tanto, que sólo puedo decírtelo desde la emoción

de mi alma fundida con la tuya

20 jul 2007




Un timbre
una llamada
una señal.


Ecos
de un pasado
que fue bueno,
pero que ya
no tiene lugar.


Escucho
guardo
silencio




bendigo
el recuerdo
que fue y no existe

y quedo en paz.



(Hay que quitar lo antiguo para entregarnos plenos a una nueva experiencia; estrenar un espacio para ella:
porque sólo el presente es real).





12 jul 2007

Benditas sean

Benditas sean

la luz de tu mirada
en el instante que dijiste "te amo"

la transparencia de tu alma
en tus ojos agrisados

las lágrimas -gotitas de luz-
que rodaron desde tu corazón
para empapar tus pestañas








Bendita sea

la grandeza de tu cuerpo
que se deshace de ternura
cuando te cobijas en mis faldas.