27 jul 2007

La mujer que me ve niña

La conocí cuando ella era menor de lo que yo ahora.
La vida se le había abierto en dos caminos y ahí estaba ella, con sus dos hijos pequeños, su pelo de nochecita estrellada y esos ojos transparentes, de luciérnagas verdes, desafiando al mundo.

Inteligente y cálida, me tendió su mano... mientras yo miraba sin entender qué era eso de estar frente a tantos senderos por tomar. Más de una vez me regaló su abrazo en tiempos en que eran escasos, y el refugio de su hogar cuando en mi casa la tormenta no me daba paz.

Pasaron los años. La adolescente que fui se casó:

creí, tuve mis hijas, desconfié, me encontré entre dos caminos, elegí, y quedé como antes lo hizo ella, saludando el sol de cada día desde mi lecho a medio (des)habitar.

Quién sabe cuánto anduvo ella mientras tanto. (Sus chicos crecieron, alguno se casó ya).

Me encontré hace unos días golpeando a la puerta de su casa (20 años después), con la inquietud de que mi nuevo aspecto le complicara reconocer la que sigo siendo.


Abrió la puerta. Me miró en silencio. Y diciendo "¡mi niña!" volvió a abrazarme como antes
.


(Para Rosemary: Gracias. ¡Tanto busqué desde niña una mamá del alma ! y a esta altura descubro que en vos, la vida me la prestó.)

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