
Te regalo este otoño mendocino, llenito de moras y álamos amarillos, plátanos cobrizos, ciruelos bordeaux.
Te regalo este caminito con techo de árboles ocres y alfombras de hojitas caídas.
Te doy, amor, este sol blanco y perezoso colgado en mi cielo azul. Los pajaritos cobijados en sus nidos. El canto del agua fresca que corre por las acequias cuando baja de las montañas.
Al final, te entrego por el rato que quieras, todo (lo poquito o mucho) que yo soy... en cuerpo y alma.

(Las fotos son de aquí, Mendoza, donde vivo: camino de montaña, el parque San Martín y otra de un lugar muy familiar para mí, donde trabajo)

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