Mi casa es temporal, mi ropa es temporal, todo lo es... salvo mi alma.
Nuestras parejas son compañeros de viaje y de aprendizajes... a veces duran pocos pasos, a veces muchos. A veces hasta el fin de esta existencia. Sólo podemos disfrutar de su compañía mientras estemos juntos y dejarlos seguir su rumbo cuando llega el momento de despedirnos.
Nuestros hijos son un préstamo que nos da la vida, pero pertenecen a ella. Los cuidamos, los guiamos al crecer...pero van a decidir hacer su propio camino y no lo debemos evitar: para eso han venido. Y para superarnos en perfección.

Sí, reconozco que en mis peores momentos me apoyé en la existencia de mis hijas, y mi amor y responsabilidad sobre ellas... pero sé que no debo cargarles el peso de mi vida. Tantas veces he visto a esas personas mayores recriminarles a sus hijos "que por ellos dieron la vida"... No, no la dieron. Tomaron la de de aquéllos para poder sobrevivir. Se adhirieron a la energía que sus niños les daban... y luego no se animaron a andar por sí mismos.
Muchas veces he hablado con mis pequeñas. Les he explicadoque ojalá algún día yo tenga mi pareja, porque así es la naturaleza: todos buscamos nuestro par, ellas también lo harán luego. Que eso está bien y es lo más saludable.
Quiero ser, cuando ellas caminen independientes de mí, una persona íntegra que supe vivir mi propia vida y respetar sus espacios, la que les dio fuerzas y libertad para realizar sus sueños.
Para que me reciban con alegría, cada vez que nos encontremos.
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