
Mi familia está formada por un ángel que alguna vez fue mujer, y una mujer que no tiene rostro.
Mis días se llenan de la luz que un duende y un hada me traen. Ellos me hacen cosquillas, intentan ganarse un lugar junto a mi almohada. Con todo desparpajo secuestran mis camisetas, mis zapatos, mis perfumes... Y compartimos besos, lágrimas, silencios, sonrisas.
Vive en mi corazón un gnomo lleno de ternura, que a diario me habla al oído o en sueños. -Hoy me contó que el bosque le regaló espárragos fuera de temporada-.
Mis amigos son mis espejos, mis guías, mis ángeles guardianes. Son tanto, que no sé expresarlo con palabras.
Ojalá aprenda a ser con ellos (mis duendes, hadas, ángeles amigos) tan generosa como lo son conmigo.
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