Conocí un duende al que alguna vez amé. Entre bosques, setas, jabalíes y menhires conocí su mundo de ensueño... Poco a poco fue cayendo. Olvidó su lado humano y reveló otra personalidad, la engañosa: En su temor por perderme, fue tejiendo enmarañadas redes -una mentira tras otra- hasta que ya no pude verle.
Hoy dialogué con otro hombre, otro acento, otra altura... pero al mirar sus ojos me encontré con los de aquél duende... Inquieta, no entendí la señal hasta que otra vez, de otra manera, descubrí un tejido similar, para retenerme.
Los celos, las trampas y las mentiras son parásitos que sacrifican al amor. No me gusta ese juego.
Además, yo soy de otra especie.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
¡Hola, Bienvenid@ y gracias por compartir aquí tu comentario!