21 jul 2011

Lo que no valoramos... lo perdemos


Me miró fijo a los ojos. Hizo una mueca burlona y me dijo: "si vos no tenés amigas".
No me dolió la frase, me dolió su necesidad de dañar.

Pasaron los días. Llegó el día del Amigo. Y dijo temprano: "Dejaré mi celular apagado, para que no me lo llenen de saludos".

Yo tomé mi teléfono, mandé unos pocos mensajes... De inmediato me llegaron mimos, "te extraño"... buenos deseos.

Él se fue al atardecer. (Tras otro momento de desprecios, de extraña e innecesaria amargura).
Me sentí liberada, liviana... Ya podía llamar a alguna amiga, sin que me persiguieran sus acusaciones paranoides, sus sospechas injustificadas... su necesidad de callarme, acallarme, apagarme... lastimarme.

Tuuu... Tuuu (sonó del otro lado la línea).

La primer frase fue "¡holaaaaa! te estaba esperando!! jajaja...¡ya estaba por llamarte yo!!! (era una antigua amiga, una hermana de la vida que había dejado de lado para evitar "persecutas" de mi ¿pareja?).

Su alegría fue genuina. Sus ganas inmediatas de reencontrarnos. También las mías. Dos mujeres sintiendo la felicidad de sus niñas interiores, con ganas de volver a la inocencia compartida.

El reloj siguió su curso.

Medianoche.

Riiingg! ringgg! (quién llamará a esta hora???).
-¿Hola?- atiendo cautelosa.
-¡Feliz día amiga mía! no quería que terminara esta fecha, sin saludarte!!! -la voz aguda y estrepitosa de una mujercita muy particular, me hizo sonreír.- ¿Cómo estás?
-Sola. De vacaciones y "sola". Él se fue... pero me siento bien. Muy bien. En calma.
-¿Segura que estás bien? ¿Me necesitás?
-No, gracias -dije sonriendo- De veras que me siento cómoda y tranquila. Pero cuando quieras nos vemos.
-¡Dale! ¡Este fin de semana nos encontramos!


Sonreí.

En la calidez de mi hogar, en su quietud...me descubro amorosamente acompañada: empezando por mí misma, porque vuelvo a ser quien soy y me gusta... sin que los fantasmas ajenos quieran coartarme. Sin que el desamor de otro me critique como soy.

Y entre tanto bienestar, siento esas almitas luminosas, de mis amigas de siempre... abrazándome... más allá del tiempo transcurrido, siempre están. Estamos.

¿Él?

Se llevó su celular... callado. Antes de irse dijo en voz baja, que no le saludó ningún amigo. Porque no los tenía.

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Esa mañana (la del miércoles en que luego se lo llevó su propio infierno de desprecios e insultos, al caer el sol) mi primer beso, mi primer abrazo apenas desperté fue para él.

Me colgué de su cuello y le dije con ternura "¡feliz día del amigo!"


Me apena su propia negación para disfrutar la felicidad.



¿Yo? yo recuperé mi espontaneidad, mi paz y mi sonrisa. Y adquirí la capacidad de observar a quien gusta lastimar(se)... pero desde una distancia segura.




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