No, no sientas culpa. No creas que tu brusquedad me haya herido... Por favor, abre los ojos: no soy yo quien sangra...
Aún sigo aquí, aunque mi principio de respetarme, es el me mueve a cambiar la perspectiva.
Ahora sobrevuelo el paisaje, observando y comprendiendo. Te conozco, no te temo, pero procuro no enredarme en tu lío de espinas. Porque autodestruirme no me sirve y desesperarme no me dejaría darte una mano, si me la pidieses.
Cuando aclares tu mirada, me verás planeando a discreta distancia... Acompañándote, entre el cielo y la tierra.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
¡Hola, Bienvenid@ y gracias por compartir aquí tu comentario!